Desprendimiento de vitreo

El desprendimiento de vítreo es un cambio bastante común que ocurre dentro de nuestros ojos, sobre todo a partir de los 50 años, aunque también puede presentarse antes en personas con miopía elevada, tras un golpe en el ojo o después de una cirugía ocular.

Para entenderlo mejor, hay que saber que en el interior del ojo tenemos una especie de gel transparente llamado vítreo, que ocupa la mayor parte del espacio entre el cristalino y la retina. La retina es como una pantalla muy delicada que capta la luz y nos permite ver.

Con el paso del tiempo, este gel pierde firmeza, se hace más líquido y puede despegarse de la retina. Cuando esto sucede hablamos de desprendimiento de vítreo posterior.

¿Qué síntomas produce?

El desprendimiento de vítreo no duele, pero suele notarse de varias maneras:

  • “Moscas volantes” o miodesopsias: se ven como puntitos, manchas, hilos o telarañas que se mueven cuando movemos el ojo.
  • Destellos luminosos: muchas personas describen pequeños relámpagos o chispazos, sobre todo al mirar hacia un lado o en la oscuridad.
  • Visión borrosa o sensación de que algo flota en la vista.


Estos síntomas son más llamativos al inicio, cuando el vítreo se separa de la retina. Con el tiempo, el cerebro se acostumbra y las molestias suelen disminuir. En la mayoría de los casos, las miodespsias se hacen menos evidentes después de unas semanas o meses, aunque algunas personas pueden seguir viéndolos de forma intermitente durante más tiempo.

¿Cuándo hay que preocuparse?

En la gran mayoría de los casos, el desprendimiento de vítreo no es peligroso y no afecta de forma grave a la visión. Sin embargo, en algunos pacientes el vítreo puede tirar de la retina y provocar un desgarro. Si ese desgarro no se trata, puede evolucionar a un desprendimiento de retina, que sí es una urgencia médica porque puede causar pérdida de visión irreversible.

Por eso es muy importante reconocer los signos de alarma:

  • Notar de repente muchas más moscas volantes que antes.
  • Un aumento brusco y constante de los destellos luminosos.
  • Ver una sombra oscura, como una cortina o velo que tapa parte de la visión.
  • Experimentar una pérdida repentina de visión, aunque sea parcial.


Ante cualquiera de estos síntomas, lo recomendable es acudir lo antes posible al oftalmólogo para una revisión completa del fondo de ojo.