La física que esconde el agua azul turquesa

El efecto Rayleigh y el misterio del agua turquesa

El color del agua es uno de los fenómenos naturales que más fascina a los viajeros. Esa tonalidad turquesa, intensa y casi irreal que encontramos en ciertos lagos del mundo, tiene detrás una explicación científica apasionante: el efecto Rayleigh.

¿Qué es el efecto Rayleigh?

El efecto Rayleigh se refiere a la dispersión diferencial de la luz cuando atraviesa un medio en el que existen partículas muy pequeñas en comparación con la longitud de onda de la radiación. Este fenómeno explica, por ejemplo, por qué el cielo es azul: las moléculas de oxígeno y nitrógeno de la atmósfera dispersan de forma más eficaz las longitudes de onda cortas (azul y violeta), mientras que las largas (rojo, naranja) atraviesan con menos obstáculos.

De la misma forma, en ciertos cuerpos de agua donde las partículas en suspensión son microscópicas —como arcillas, sedimentos muy finos o minerales disueltos—, la luz del sol se dispersa selectivamente y el resultado es ese turquesa lechoso que tanto llama la atención.

El agua turquesa en los lagos

Muchos lagos glaciares del mundo deben su espectacular color a este fenómeno. Al fundirse el hielo de los glaciares, el agua arrastra diminutas partículas de roca molida por la erosión glacial, conocidas como harina de roca o glacial flour. Estas partículas son tan finas que permanecen suspendidas en el agua y actúan como un prisma natural que dispersa la luz.
El resultado es un color que oscila entre el verde esmeralda y el turquesa brillante, especialmente en días soleados, cuando el ángulo de la luz acentúa la dispersión.

Ejemplos destacados en el mundo

  • Parque Nacional de los Lagos de Plitvice (Croacia): uno de los ejemplos más bellos de Europa. Sus cascadas y lagos, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, muestran un turquesa intenso gracias a la combinación de sedimentos calcáreos, microorganismos y efecto Rayleigh.
  • Lago Louise y Lago Moraine (Canadá): en las Montañas Rocosas canadienses, el aporte glacial otorga a estos lagos un color turquesa vibrante que se ha convertido en icono turístico.
  • Lago Tekapo (Nueva Zelanda): otro ejemplo de cómo la harina glacial transforma el agua en un espejo azul-verdoso.

El caso en España

Aunque España no tiene lagos glaciares con aportes tan abundantes de harina de roca como Canadá o Nueva Zelanda, sí existen ejemplos en los que el efecto Rayleigh es visible. Uno de ellos son los Lagos de Covadonga, en Asturias. Aunque su tonalidad no es tan intensa como en los lagos alpinos o croatas, en días soleados se perciben matices turquesa y verdes debido a la interacción entre minerales, algas microscópicas y la dispersión de la luz.

¿Y qué ocurre en las Islas Baleares?

En Baleares, el turquesa del mar no tiene que ver con el efecto Rayleigh ni con partículas glaciares. En este caso, el color se explica por la pureza del agua, la claridad del cielo y el fondo arenoso blanco. La arena reflecta la luz solar y, al atravesar un agua de gran transparencia, devuelve tonos turquesa y azul intenso. Es decir, no es un efecto de dispersión por partículas en suspensión, sino una consecuencia de la calidad natural de las playas y de la ausencia de materia orgánica en exceso.

La importancia de proteger la vista

Ya sea frente a un lago glacial en Croacia o contemplando el mar de Ibiza, no debemos olvidar un detalle esencial: la radiación solar también puede dañar los ojos. Los rayos ultravioleta se reflejan con intensidad en la superficie del agua, aumentando el riesgo de fotoconjuntivitis o daño retiniano a largo plazo.
Por ello, siempre es recomendable llevar gafas de sol homologadas con filtro UV cuando visitamos la playa o pasamos largas horas al aire libre.